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Emanuel

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Emanuel

Isaías 7:14 “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Mateo 1:23”He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”

Emanuel es el nombre de Jesús también conocido como el Cristo, y coincide con la palabra de Dios en Mateo 1:16 ”y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.” Lucas 2:21 “Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido.”

El diccionario español, dice que la palabra Cristo es el Hijo de Dios hecho hombre, por otro lado en el diccionario cristiano vemos esta definición: EL CRISTO (gr. «ho christos»).

Un título oficial del Señor Jesús, que vino a usarse como nombre. En Jn. 1:41, 4:25 este título es relacionado con el de Mesías del AT. Los judíos y samaritanos estaban esperando al Mesías, «llamado el Cristo». Hallamos el título «Mesías» en Dn. 9:25, 26 en la profecía de las Setenta Semanas. El término hebreo es «mashiach» y significa «ungido». Este término es empleado para el Señor Jesús en Sal. 2:2, donde se habla de los reyes y príncipes consultando contra Jehová y contra Su «Ungido». Este mismo término se usa para el sumo sacerdote y el rey como ungidos de Dios; pero el Señor Jesús es enfáticamente «el Ungido», siendo éste el significado del término «el Cristo». «El Cristo» es la forma en que debiera aparecer este título en muchos lugares del NT donde Reina-Valera tiene simplemente «Cristo». En los Evangelios es casi siempre «el Cristo», y con frecuencia en las epístolas, excepto en aquellos lugares en los que se diga Jesucristo o Cristo Jesús, que tiene más claramente el carácter de nombre. Se refiere al Señor como Hombre, como ungido con el Espíritu Santo.

En Daniel leemos que el Mesías Príncipe sería cortado, y no tendría nada (Dn. 9:26, margen). La antigua versión de Reina traduce «será muerto, y nada tendrá» y en el margen da la paráfrasis «será echado de la posesión». Esto se cumplió cuando, en lugar de ser aceptado como Mesías por los judíos, fue rechazado, cortado, y no recibió ninguno de los honores mesiánicos que le pertenecían, aunque, con Su muerte, echó los cimientos de Su futura gloria en la tierra, obrando la redención eterna para los salvos.

Leemos en 1 Co. 12:12 que así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, «así es el Cristo». La Cabeza y los miembros en el poder y la unción del Espíritu forman un solo cuerpo.

Habiendo sido rechazado como Mesías en la tierra, Él ha sido hecho, ya resucitado de los muertos, Señor y Cristo (Hch. 2:36), y así se cumplen los consejos de Dios con respecto a Él y al hombre en Él. Se revela que los santos habían sido escogidos en Cristo desde antes de la fundación del mundo. Todas las cosas en el cielo y en la tierra tienen que ser encabezadas en el Cristo (Ef. 1:10). Como el Cristo es la Cabeza del cuerpo la Iglesia (Ef. 4:15). Este es un tema de vasta extensión, que apenas si puede ser bosquejado en un artículo.

La palabra Jesucristo es compuesta de Jesús el Cristo, originalmente así se escribía y con el paso del tiempo se han venido uniendo ambas para llegar a lo actual que conocemos como Jesucristo. La unión de ambas palabras ha traído como consecuencia que se pierda el valor de la palabra Cristo que es Mesías en hebreo o Emanuel que es el Ungido de Dios. La palabra Cristo, al igual que Emanuel, significa Dios con nosotros. Gran porción del cristianismo permanece aun en el desconocimiento del significado de Emanuel, Mesías o Cristo. Todo mundo sabe de Jesucristo como Hijo de Dios y algunos lo conocen como Dios mismo, pero lo importante del nombre es que sepamos que es lo que significa Cristo, Mesías, Ungido o Emanuel.

El profeta anunció lo siguiente: Isaías 7:14 “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Misma profecía que Jesús la confirma en Mateo 1:23”He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” Emanuel es Dios con nosotros y también es aceptable decir Dios en nosotros. Pablo lo establece en la siguiente forma: 1 Corintios 3:16
”¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” La definición podría también decir: Dios mora dentro de nosotros. El espíritu de Dios mora en nosotros. El espíritu de Jesucristo mora en nosotros, todo eso es lo mismo, Emanuel podemos definirlo diciendo: El espíritu de Jesucristo morando en nuestro corazón.

Podría ser que existan dudas acerca de expresiones como el Espíritu de Dios, con el Espíritu de Jesucristo. El espíritu es el mismo pero tiene diferente connotación, porque el Espíritu de Dios es algo altamente santo y puro, cien por ciento Espíritu. Mientras que el Espíritu de Jesucristo lleva la mezcla de lo divino con lo humano, por eso es que Dios envió a su Hijo a salvarnos, porque si Dios hubiera enviado al Espíritu Santo sin Jesucristo, todos hubiéramos muertos al instante por la presencia del Dios verdadero y santo en nosotros, no habría quedado un cuerpo carnal vivo a consecuencia de su presencia santa y pura en nosotros. Vale la pena aprovechar este tema para explicar un poco porque Dios no viene directamente a nosotros y necesita enviar a su Hijo a llevarnos con él. Bien sabemos que Jesucristo es una mezcla de lo divino con lo humano, es el Espíritu de Dios en un hombre de carne y huesos que está sin mancha de pecado alguno. Dios permite la mezcla de lo divino con lo humano siempre y cuando el pecado no esté presente, eso sucede en la carne de Jesús, que es libre de todo pecado, luego Jesús viene y perdona nuestro pecado y nos lleva por un camino de santidad hasta que eventualmente hayamos alcanzado la estatura de Cristo para ser perfectos como hijos de Dios. Pablo nos define esto en la siguiente manera: Efesios 4:1-16 “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice:
Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” Habrán notado palabras como “, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;

La conformación de la iglesia como el cuerpo de Cristo es lo que también se conoce como edificio de Dios, que es realmente una casa humana donde Dios habita y eso es lo que arriba vimos como Dios con nosotros (Emanuel). Igualmente es el concepto que se deriva de : 1 Corintios 3:16 “”¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” El papel nuestro en ese edificio espiritual es como de piedras, pero piedras vivas. 1 Pedro 2:4-5  “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.” Luego, ese espíritu que es Jesucristo o Emanuel o el Mesías, debe crecer en nosotros, es como una plantita recién plantada que necesita ser regada para que crezca como lo dice Pablo en 1 Corintios 3:6 “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.” Este edificio que también Pablo lo determina como un campo de labranza cuando dice: 1 Corintios 3:9 “Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.” Jesús por su parte también lo identifica como un árbol con ramas fructíferas cuando dice: Juan 15:5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” Luego, el concepto de edificio o de campo de labranza, en realidad son figuras representativas para darnos una mejor idea de lo que significa Dios con nosotros o Emanuel.

La palabra de Dios es bastante alejada de los conceptos religiosos de los hombre que siguen las tradiciones de padres a hijos, el concepto divino de Emanuel es un Dios que es un espíritu, morando dentro de nosotros los seres humanos, el concepto religioso es que Dios permanece en un templo y por eso la gente busca a su Dios en los templos. El concepto de Emanuel o Cristo es para identificar a Dios participando en el cuerpo del hombre. Misma figura que podemos ver en Efesios 5:23 “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.” Luego podemos agregar que Emanuel y la Iglesia son la misma cosa, Dios con nosotros. Ahora como lo vimos mas arriba, el espíritu de Dios no es el que viene al hombre pecador para nacer de nuevo sino el espíritu de Jesucristo que ya es una mezcla de lo divino con lo humano, y es en cierta forma diferente aunque es el mismo espíritu. Pablo lo explica asi: Romanos 8:9 “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” Debemos con esto entender que se trata del mismo espíritu tal como lo confiesa Jesús cuando dice: Juan 10:30 “Yo y el Padre uno somos.”
pero aun cuando es el mismo espíritu, Jesús nos da de su espíritu para que seamos uno con él. Juan 17:22 “La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.”

Emanuel, es Dios con nosotros, y eso nos lleva al conocimiento que Dios es un espíritu vivo, o viviente o vivificante cuando está dentro de nosotros, bien lo dice en 1 Corintios 15:45 “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.” Ese postrer Adán somos nosotros al igual que lo fuimos antes de conocer a Cristo. Así como en Adán todos pecamos y fuimos muertos, también en Cristo todos somos resucitados en nueva vida. Romanos 6:4 “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” Dios con nosotros es la novedad del Nuevo Testamento. Eso es lo que conocemos como el reino de Dios o también como el reino de los cielos. Cuando Jesús comenzó a predicar diciendo: Mateo 4:17 “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Marcos 1:15 “diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” Jesús nos está anunciando la llegada del reino porque el Cristo, el Mesías, el Ungido de Dios ha llegado a nosotros. Habiendo venido Jesucristo a la tierra, ha llegado el espíritu de Dios en Cristo para que el Emanuel sea una realidad, Dios con nosotros.

A pesar de haber pasado mas de dos mil años, aun el cristianismo en su gran mayoría no percibe a Dios dentro de su cuerpo y le siguen buscando en los templos a pesar que en sus manos está la palabra de Dios que dice en Hechos 17:24 “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas,” El Emanuel de la Biblia, es el Dios que conocemos, Cristo en nosotros, si aun se continúa buscando a Dios en los templos, es que el espíritu de Dios no ha llegado a nosotros aun pero si lo encontramos en nuestro corazón entonces somos de verdad hijos de Dios porque Dios es espíritu y busca adoradores en espíritu y verdad. Por cualquier lado que uno vaya, va a encontrar a los cristianos congregados en templos hechos por manos humanas y si usted les lee esa palabra que dice que aquí no habita el Dios que hizo los cielos y la tierra, se molestan y consideran que se les está bloqueando su fe y su buena intención de buscar a Dios. El Emanuel de la Biblia, el Dios vivo realmente habita dentro de nuestro cuerpo, como bien lo explica Pablo cuando dice: 1 Corintios 3:16 “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” 1 Corintios 6:19 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”

Emanuel es Dios con nosotros, y si realmente somos hijos de Dios, deberíamos estar más que claros en entender este asunto que Dios realmente vive dentro de nuestro cuerpo y es el espíritu de Jesucristo quien ha hecho morada en nosotros. Efesios 2:22 “en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” Jesús, por medio de Pablo, hace una pregunta interesante que nos ayudará a entender mas este asunto y dice: 2 Corintios 6:13-15 “Pues, para corresponder del mismo modo (como a hijos hablo), ensanchaos también vosotros. No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo.” Repito esto último: “Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo.” Quiero insistir en esta palabra: “sois el templo del Dios viviente”. Me encanta esta palabra porque nos trae mucha luz acerca de lo que significa el Dios viviente al igual que el espíritu vivificante. El Dios viviente es porque vive y mora dentro de un cuerpo vivo como es el nuestro. Si toman esto con seriedad se darán cuenta que nuestro cuerpo resulta ser cuerpo para Dios, un cuerpo vivo con manos, pies, boca, nariz, ojos, etc. Eso es el Emanuel de la Biblia; es Dios con nosotros o Dios en nosotros. Podemos derivar fácilmente que Dios utiliza nuestros miembros para hacer buenas obras, eso es el Emanuel, Efesios 2:10 “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

La actitud nuestra como miembros de la iglesia debe ser considerando seriamente que Dios habita en nosotros y que nuestra actitud formal andará en armonía con ese grandioso hecho que Dios ha hecho morada en nuestro corazón, Romanos 12:1 “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”

Por Victor Manuel Castro Chinchilla. Julio 2008.






julio 10, 2008 - Posted by | Estudios

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