Viviendo en la carne
Viviendo en la carne
Vivir en la carne es vivir sin la intervención del Espíritu, los animales tienen esa característica, ellos actúan conforme lo establecido por el creador sin tener que pensar o dirigir sus acciones y movimientos, el hombre tiene las dos opciones, o vivir automáticamente siendo manejado por la carne o vivir siendo manejado por su mente y su corazón. La carne no tiene vida de por sí, sino que es el espíritu quien le da la vida. En los animales, el término de vida es limitado mientras que en el espíritu la vida es de carácter eterno, cuando la carne es separada del espíritu del vivo, este muere al instante, pero la vida espiritual nunca termina, sino que permanece para siempre.
La Biblia dice que ocuparse del vivir en la carne es un asunto de muerte pero que vivir por el espíritu es vida, o sea que si nos quedamos viviendo en la carne nuestro futuro es muerte eterna pero si decidimos vivir por el espíritu, lo eterno será la vida. Y también aclara que desde la carne es imposible agradar a Dios, porque Dios es un Espíritu y no hay manera que la carne se pueda comunicar con el Espíritu. Igualmente aclara que es necesario que le adoremos en espíritu y en verdad. Por otro lado enseña que el hombre es cuerpo, alma y espíritu, por lo que el apóstol Pablo nos pide que abandonemos la carne para que vivamos en el espíritu. Es más, el apóstol dice que todos hemos nacido en la carne y por lo tanto hemos nacido muertos espiritualmente, debido a que por herencia, somos pecadores desde Adán y Eva. Sin embargo nos habla de una nueva generación, de una nueva herencia o descendencia, a partir de Abraham a quien Dios le otorgó el merito de aceptarlo como un hombre justo o sea creyente en Dios.
Si no hay posibilidades de agradar a Dios desde el cuerpo carnal, si las hay y todas de agradarle desde nuestro cuerpo espiritual, porque tenemos esos dos cuerpos, el carnal y el espiritual. Pero nosotros nacemos y vivimos en el cuerpo de carne, por eso es que estamos condenados a la muerte, pero Dios que es grande en amor y misericordia, envió a su Hijo Jesucristo a traernos la vida como un regalo, un regalo que no merecemos porque no hacemos nada para lograrlo simplemente recibirlo.
Jesucristo se auto nomina como el alimento espiritual que bajó del cielo, y nos pide que le comamos a él como alimento para el espíritu, ese comer nos permite en primer lugar nacer espiritualmente y en segundo lugar un crecimiento al igual que sucede con las plantas que se siembran y crecen al regarlas. Jesús nos habla de un proceso de sembrar y cultivar el espíritu al punto de dar frutos o sea de producir el espíritu. el comer a Jesucristo es una figura para entender que algo entrará a nuestro interior y nos alimentará, ese algo se llama el Verbo de Dios o la Palabra de Dios, a la vez que el alimento natural nos sirve para alimentar la carne, tenemos el alimento espiritual que es la Palabra de Dios.
El apóstol Pablo, hablando de alimentar espiritualmente a la gente, habla de un procedimiento ideado por Dios que es la predicación del evangelio, pues en el evangelio tenemos las palabras de Dios que son las que nos dan vida, aparte del evangelio no hay vida en las escrituras, de modo que es por el evangelio que obtenemos la salvación porque como dijimos, desde la carne imposible agradar a Dios y solo en el Espíritu podemos adorarle y vivir. Ese pan espiritual que es Cristo o sea las palabras de vida de Dios, son proveídos por medio de la predicación del evangelio, a eso Pablo le llama la locura de la predicación.
El hombre trae por naturaleza el deseo de buscar a Dios, el hombre es atraído por las fuerzas divinas de Dios y termina siendo capturado, este proceso lo lleva a cabo Jesús por mandato de Dios el Padre celestial, en otras palabras, el hombre habiendo nacido en la carne y siendo pecador, termina siendo convertido a un ser espiritual y ser entregado a Dios, la transformación del hombre carnal y su conversión a espiritual se logra por el nuevo nacimiento a través de haber escuchado y creído en Jesucristo tal como se le llama al evangelio. El evangelio pues, le provee al hombre de vida eterna por medio de Jesucristo.
Todos los hombres que van siendo capturados en el Espíritu, se van agregando a la iglesia que es el cuerpo de Cristo o ejército de Dios, y que serán en un futuro, salvos de la condenación carnal. Dios ha organizado ese cuerpo llamado iglesia en donde existe un ordenamiento vertical, que está sujeto a la obediencia y es Dios, Jesucristo, el hombre y la mujer, en ese orden se imparten los mandatos que a la vez son obedecidos y ejecutados.
La carne está condenada a morir, pero el Espíritu está diseñado para vivir y vivir eternamente, de modo que si hemos nacido de nuevo, sea que vivamos o muramos del Señor somos. Si morimos es por bendición que morimos porque la vida en la carne es desagradable a Dios, y si vivimos es por el Espíritu que vivimos y en ambos casos somos del Señor.
De seguir viviendo en la carne, nuestro futuro será la muerte eterna es decir nunca podremos volver a vivir pero si nos tornamos al Espíritu, nuestro destino será la vida eterna en Cristo. El tornarse de la carne al Espíritu no es un problema que podamos resolver a nuestro criterio o por nuestras propias fuerzas, no, eso solo se logra si el Espíritu de Dios es puesto en nuestro corazón y permitimos que crezca hasta dar frutos.
Nuestro futuro es terminar con este cuerpo carnal pecador, y a partir de allí, o permanecemos esperando la resurrección para vida o nos viene la condenación eterna en el infierno de fuego. Todo depende si hemos obtenido la inserción del Espíritu de Dios en nuestro corazón, lo que se llama nacer de nuevo, no de padres carnales sino de Dios que es Espíritu.
Jesucristo antes de ser elevado al cielo, nos dejó sus palabras que contienen vida y Espíritu, esto se conoce como el evangelio y es por medio del evangelio que conseguimos que Dios habite en nosotros por medio de su palabra. Una vez recibido Cristo, nuestro cuerpo se vuelve un Templo para el Espíritu Santo y de allí comienza a dirigir nuestro cuerpo de carne hasta llevarlo a la vida eterna por la resurrección de los justos.
El hombre nace con una sed y un hambre de Dios, por más pecador que sea y por más ateo que sea, esa necesidad de Dios permanece obrando en él, de esa misma necesidad el hombre carnal comienza adorando dioses falsos como estatuas, retratos, pinturas, estampas, etc y toda esa mentira será retocada por Dios al recibir el evangelio y resulte en una conversión y en vez de seguir adorando dioses muertos, se tornará en un adorador espiritual del Dios vivo.
La religiosidad del hombre carnal desaparecerá y será sustituida por un carácter de un nuevo hombre renovado y justo obediente a Dios por medio del Espíritu. La religiosidad del hombre carnal, debe ser guiada hasta encontrar a Cristo el salvador, si permanece adorando ídolos muertos, lo que conseguirá es la ira de Dios y será remitido como en un retroceso para que se produzcan en el acontecimientos malos hasta su destrucción total.
Solamente por medio de las palabras de Jesús que son las mismas del Padre, es que podemos trasladarnos de ser hombres de carne y hueso a hijos de Dios en el Espíritu. La asamblea de los nacidos de nuevo, de los hijos de Dios, se llama iglesia y es el ejercito de Dios o sea el cuerpo de Cristo.
Si usted está metido en una congregación religiosa, dedique su tiempo a escudriñar las escrituras, no deje que su Espíritu siga los preceptos humanos, busque a Cristo y encontrará el camino al Padre que está en los cielos. Ninguna religión le llevará a Dios, todas son buenas al principio porque le inculcarán nuevas modas de vida espiritual pero tenga el cuidado de no quedarse allí, busque a Cristo por su propia cuenta y lo encontrará entonces usted podrá entrar al reino de los cielos en forma espiritual y ningún mal le asechará o dañará. Solamente habiendo abandonado la vida en la carne o sea del mundo, se puede encontrar el camino a los lugares celestiales en Cristo Jesús.
No se deje engañar, Jesucristo no vino a organizar o a fundar religiones, ninguna cosa de esa, Jesucristo lo que vino a hacer es a buscar y encontrarse con los hombres pecadores y hacerlos espirituales por medio de la palabra (Evangelio) para llevarlos al Padre en la resurrección. Nadie sube al cielo al morir, no, primero es el dia final del juicio cuando Jesucristo venga de nuevo a juzgar y solo entonces recogerá a los buenos, los malos serán remitidos al infierno. Es por las obras buenas que hagamos con la fe en Jesucristo que logramos la vida eterna, ninguna religión nos llevará al Padre que está en los cielos.
Si usted pertenece a una religión y no acepta ningún cambio, es asunto suyo, Jesucristo le quiere salvar de la condenación eterna y solamente por medio del nacer de nuevo en el Espíritu por el Evangelio es que el Espíritu de Dios podrá entrar a su cuerpo carnal y obtener salvación.
Por Víctor Manuel Castro Chinchilla
Invocar el nombre de Jesus
Invocar el nombre de Jesús
2 Samuel 22:4 “Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos.” Salmos 18:3 “Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos.” Joel 2:32 “Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado.” Hechos 2:21 “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Romanos 10:13 “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”
¿Qué es invocar? La palabra significa: Llamar o dirigirse a un ser superior: como invocar un Espíritu. También es Acogerse a una ley o costumbre, exponerla, alegarla: como invocar el derecho de asilo. También Mencionar algo o a alguien que nos favorezca. Se trata, pues, de llamar a alguien y en este caso llamar a Jesús, quien tiene autoridad en la tierra y en el cielo y que está a favor nuestro siempre defendiéndonos de las acusaciones del diablo.
Como hemos visto, aquí podemos confirmar que Jehová en el Antiguo Testamento es Jesús en el Nuevo Testamento. ¿Por qué invocar a Jesús? La misma Biblia nos da las respuestas y dice en Hechos 4:12 “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” Y no es tan fácil, pero nuestra insistencia obtendrá frutos, Mateo 10:22 “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.”
Antiguamente, los cristianos invocaban el nombre de Jesús. Sus enemigos, como el fariseo Saulo de Tarso, que les perseguía para encarcelarles y darles muerte, buscaban a todo aquel que invocaba su nombre, esa era la señal de identificación de los cristianos. Hechos 9:21 “Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes?”
Hoy en día, solo los cristianos genuinos invocan el nombre del Señor, muchos que se autodenominan cristianos, no lo invocan porque no le conocen, aunque ellos digan que le conocen pero los hechos son los que hablan, si no lo invocan es porque no le conocen y no pueden llamar a alguien que es desconocido.
Ya vimos que cosa es invocar, y el principal objetivo de la invocación es la salvación, no estamos hablando de ser salvos de la condenación eterna sino ser salvos de los enemigos, ya lo hemos citado arriba en Salmos 18:3 “Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos.” Invocar a Jesús es con el objeto de que él nos proteja y controle una situación desventajosa en contra nuestra y sea él quien nos salve de los enemigos, estos enemigos pueden ser humanos o acontecimientos naturales como inundaciones, incendios, catástrofes, etc. Lo importante es que seamos salvos del peligro que nos acecha. Cuando oramos al Padre y le decimos, venga a nosotros tu reino y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal, eso es algo que tiene que ver con el invocar su nombre. Cuando le invocamos, estamos logrando dos cosas, primero somos llevados al Espíritu y segundo obtenemos su respuesta haciendo que los espíritus malignos se enfrenten con él (Jesús) y no nosotros, es como haría un niño que se siente agredido, el llama a su papá y su papá viene en auxilio de inmediato, en el caso de Jesús, siendo Espíritu, su Espíritu se apersona de inmediato a nosotros y nos salva de cualquier agresión o amenaza. Y no es que subamos al cielo donde mora Dios sino que el cielo desciende donde nosotros estamos, esto es lo que significa la prédica de Jesús cuando dice: Mateo 4:17 “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” En otras palabras Jesús está diciendo, salgan de su cuerpo carnal y vengan al Espíritu, aquí estarán salvos de cualquier situación maligna, no es que subamos al cielo pero si es que el cielo baja a nosotros, y lo que oramos cuando decimos “no nos dejes caer en la tentación” se refiere a que estando arriba en el Espíritu no queremos descender a la carne. Son términos eminentemente espirituales.
Jesús mora en nuestro cuerpo como el Espíritu Santo, eso nos convierte en templo del Espíritu Santo, y si le invocamos, el espíritu maligno que nos está amenazando es alejado de inmediato. La invocación nos eleva espiritualmente a las moradas espirituales o celestiales donde Cristo mora, no le vemos pero somos elevados, no le sentimos pero somos protegidos, ya lo dice su palabra en Lucas 4:18 “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos;”
El invocar a Jesús significa que le reconocemos como nuestro salvador, si buscamos ayuda por otro lado y no a Jesús, no somos hijos de Dios, porque para eso Dios ha enviado a su Hijo para darnos protección y auxilio. Salmos 46:1” Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.” Jesús hace un reporte a Juan el Bautista y dice: Lucas 7:22 “Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio;”
Cuando usted se encuentre en una tribulación, no se preocupe, invoque el nombre de Jesús y será salvo, su palabra es fiel y se cumple, Romanos 10:13 “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hágalo, no dude, Jesús es nuestro salvador personal, invoque su nombre en todo momento, no haga nada sin invocarle, Pablo nos aconseja y dice: Colosenses 3:17 “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.” No olvidéis que es un nombre con poder, Dios le otorgó a Jesús ese poder tanto en el cielo como en la tierra, 1 Corintios 15:24 “Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.”
Todo ha sido puesto bajo los pies de Jesús, de modo que nada podrá ser mayor que él, ni el pecado ni la muerte podrán superar el poder de Cristo. El apóstol hace mofa de ambos diciendo: 1 Corintios 15:55 “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” porque Jesús ya lo ha declarado, Juan 11:25 “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.” Ese es el poder de Cristo, ni la muerte ni la vida están por encima de él, el apóstol lo expresa diciendo: Romanos 14:8 “Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.” Efesios 1:22“y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,” Hebreos 2:8 “Todo lo sujetaste bajo sus pies. m Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.”
Invocando el nombre del Señor, logramos ser salvos de nuestros enemigos. no temáis y acudid a él. Buscadle y le hallaras, Mateo 7:7-9 “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?”
Recuerden que ser salvo no significa la salvación eterna, sino ser salvo de los enemigos, es la presencia del Espíritu Santo quien nos cubre y aleja todo poder maligno que nos aseche. Ser salvo, pues, es estar libre del peligro, del mal, “líbranos del mal” decimos a diario en nuestra oración,
La salvación se produce a nuestro cuerpo que es amenazado o atacado, pero solo se logra si nos tornamos al Espíritu, el apóstol nos habla de ello con estas palabras: Romanos 8:9 “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” Lo básico pues, es lograr obtener el Espíritu de Jesucristo y eso solo por la via del evangelio, pues sus palabras son el Espíritu y la vida: Juan 6:63 “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.” Las palabras de Cristo están contenidas en el evangelio, mismo que puede leerse en Mateo, Marcos, Lucas y Juan, no hay otro. Efesios 1:13 “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,”
No pierdan su tiempo en ritos religiosos, solamente crean en las palabras de Jesús y serán salvos en todo momento, Hechos 16:31 “Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” Juan 3:18 “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” Creer en Jesucristo no es creer que existe o existió, sino creer en sus palabras, Juan 12:48 “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.” 1 Corintios 1:18 “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.”1 Corintios 1:24 “mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.”
Por Víctor Manuel Castro Chinchilla
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