Celos, iras y contiendas
Celos, iras, contiendas
Gálatas 5:19-21 “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. “
1 Corintios 3:3 “porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?”
Lo expuesto arriba es una cadena pecaminosa, no son pecados aislados sino una secuencia de caídas hacia lo mas bajo que comienza con el adulterio. Quiero que veamos este asunto desde el punto de vista espiritual únicamente porque estamos estudiando la Biblia, de modo que no tiene otra explicación. Siempre en atención al siguiente principio: 2 Timoteo 3:16-17 “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. “
La cadena de la caída comienza con el adulterio y termina con las orgías y cosas semejantes, para comenzar veamos que cosa es el adulterio. La palabra adulterio según el diccionario español significa: “Relación sexual de una persona casada con otra que no sea su cónyuge.” Entendiendo espiritualmente que se trata de una Relación espiritual de una persona cristiana (casada con Cristo), con otro dios que no sea Cristo. El adulterio tiene su origen en el corazón de los cristianos. Esto basado en el mandamiento de Dios en verso bíblico contenido en Mateo 5: 27-28 “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” Mateo 15:19 “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” La relación espiritual del cristiano es en base al papel de la mujer con su marido, el cristiano es miembro de la iglesia que es la esposa con Cristo que es el esposo. Tanto la iglesia como sus miembros son constituidos la esposa de Cristo y él es la cabeza o esposo, 1 Corintios 11:3 “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.” Efesios 5:23 “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.”
Desde tiempos antiguos, ya Dios se había pronunciado acerca del adulterio refiriéndose a la relación de toda una nación, tal es el caso de Israel como figura de la iglesia y Dios. Jeremías 13:26-27 “Yo, pues, descubriré también tus faldas delante de tu rostro, y se manifestará tu ignominia, tus adulterios, tus relinchos, la maldad de tu fornicación sobre los collados; en el campo vi tus abominaciones. !!Ay de ti, Jerusalén! ¿No serás al fin limpia? ¿Cuánto tardarás tú en purificarte?“ No estamos considerando a la gente pecadora del mundo sino al pueblo de Dios que comete adulterio, porque los que no conocen a Dios no pecan porque espiritualmente están muertos y son objeto del amor de Dios para traerles a vida en abundancia, mientras que los que ya son cristianos, y que son miembros de la iglesia que es el cuerpo de Cristo, o sea la iglesia, como esposa de Cristo, esos son los que consideramos aquí para dedicarles este mensaje de pecado de adulterio.
Como vimos arriba; la cadena comienza con el adulterio y sigue así: “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;” repito, no son pecados carnales sino espirituales, y una vez mas, no es al mundo de pecado a quienes dirigimos el mensaje sino a los cristianos, a los de la iglesia de Jesucristo como esposa. Este pecado Jesús lo retrató espiritualmente cuando dijo:” No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” Y como vemos, el adulterio no se comete propiamente en la carne sino en el corazón, basado en esta palabra que dice: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” Lo que sucede en la carne no es mas que la expresión del pecado que está en el corazón.
Cometer adulterio con otra persona es también la expresión corporal del pecado del adulterio en el corazón que consiste en tener relaciones con un dios ajeno que no es nuestro Dios. Deuteronomio 28:64 “Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo; y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al leño y a la piedra.” Jeremías 2:27 “que dicen a un leño: Mi padre eres tú; y a una piedra: Tú me has engendrado. Porque me volvieron la cerviz, y no el rostro; y en el tiempo de su calamidad dicen: Levántate, y líbranos.” El origen del adulterio es la adoración a dioses hechos por la mano del hombre, ese es el comienzo y de allí se desencadena la serie de pecados que ya hemos mencionado arriba. La degradación del hombre cuando comienza a ver otros dioses es castigada por Dios quien envía a los tales a cometer una serie de acciones que no convienen, podemos leer en el Libro de Romanos lo siguiente: Romanos 1:28-31 ”Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; “ (v.v. 25-27) 25 “ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.” Como ven, estos actos pecaminosos son el resultado de haber dado gloria a lo creado y no al creador (v.v.28-32) “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.”
El pecado del adulterio que desemboca en orgías pasa por los celos y las contiendas que es el problema común entre las parejas, ellos no se dan cuenta que el origen de todo ello es la adoración a las criaturas y no al creador, es el amar y adorar a estatuas hechas por hombres o a figuras atribuidas a Jesús o al Padre en vez de amarle en el corazón que es donde realmente moran. Pablo fue enfático diciendo: 1 Corintios 3:16 “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” 1 Corintios 6:19 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” igualmente podemos leer esto otro en Deuteronomio 4:28 “Y serviréis allí a dioses hechos de manos de hombres, de madera y piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.” Isaías 31:7 “Porque en aquel día arrojará el hombre sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que para vosotros han hecho vuestras manos pecadoras.” Hechos 7:47-49 “ Mas Salomón le edificó casa; si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: El cielo es mi trono, Y la tierra el estrado de mis pies.¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor;¿O cuál es el lugar de mi reposo?”
Cuando una pareja comienza a sentir celos, ya ha caído en el problema que comienza con el adulterio y continúa en “celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;” pero ya ha comenzado en fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades y pleitos. Después de los celos viene la ira y la contienda, el enojo y el pleito para entrar en disensiones. ¿Qué es disensión? Significa: Oposición, desacuerdo: disensión de pareceres. Contienda, riña, disputa entre personas. O sea que habiendo caído en el pecado de los celos, lo que le viene más adelante es un pleito con su pareja; una división y una oposición mutua. ¿Qué sigue? Después viene “herejías, envidias, homicidios, borracheras y orgías” ¿Qué significa cada uno de estos pecados? Veamos, herejías significa: 1. f. Error en materia de fe, sostenido con pertinacia. 2. f. Sentencia errónea contra los principios ciertos de una ciencia o arte. 3. f. Disparate, acción desacertada. 4. f. Palabra gravemente injuriosa contra uno. 5. f. Daño o tormento grandes infligidos injustamente a una persona o animal. ¿Qué es envidia? 1. f. Tristeza o pesar del bien ajeno.2. f. Emulación, deseo de algo que no se posee. ¿Qué es homicidio? Delito consistente en matar a alguien sin que concurran las circunstancias de alevosía, precio o ensañamiento. Luego vienen las borracheras y las orgías que ya todos conocemos que es.
Hay un mandamiento de Dios que dice: Éxodo 20:3 “No tendrás dioses ajenos delante de mí.” Y acerca de ello hay escrituras que se relacionan como: Éxodo 20:4 “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.” Deuteronomio 5:8 “No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.” Éxodo 20:5
”No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,” Éxodo 23:24 “No te inclinarás a sus dioses, ni los servirás, ni harás como ellos hacen; antes los destruirás del todo, y quebrarás totalmente sus estatuas.”
Aunque el titulo de este mensaje es Los celos, la ira y las contiendas, nos hemos dirigido mas bien al origen y a la cadena que significa tener dioses ajenos delante del verdadero Dios vivo, padre de nuestro Señor Jesucristo. Y como hemos podido ver, el origen de todo estos pecados es el tomar como Dios a las estatuas de piedra o madera y adorarlas en sustitución del verdadero Dios que no habita en templos hechos por los hombres sino en el corazón del creyente: Romanos 8:9 ”Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.”
Por Víctor Manuel Castro Chinchilla Agosto, 2008.
La Redención
La redención
La palabra redimir viene de la raiz latina redimĕre y significa
1. Rescatar o sacar de esclavitud al cautivo mediante precio.
2. Comprar de nuevo algo que se había vendido, poseído o tenido por alguna razón o título.
3. Dicho de quien cancela su derecho o de quien consigue la liberación: Dejar libre algo hipotecado, empeñado o sujeto a otro gravamen.
4. Librar de una obligación o extinguirla.
5. Poner término a algún vejamen, dolor, penuria u otra adversidad o molestia.
Según el texto bíblico, nosotros fuimos redimidos o sea rescatados de las manos del diablo, por Jesucristo el Hijo de Dios. En el libro de 1 Corintios 12:2 se nos recuerda: “Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos. “ antes de conocer a nuestro Dios, al Dios vivo, el Dios que mora en nuestros corazones, salíamos a buscar dioses muertos, hechos por las manos de los hombres, de madera, piedra o metal y creíamos sinceramente que esas estatuas o imágenes eran Dios, ahora que Cristo nos ha redimido, sabemos que los dioses muertos nada tienen que ver con nuestro Dios vivo que vive y reina en nuestros corazones.
Por la gracia de Dios y por la sangre derramada en la cruz por Jesucristo es que fuimos redimidos. Romanos 3:24 “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,” Efesios. 1:7 “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.” Gá. 3:13 “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero”; Gá 4:5 “para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” 1 Jn. 1:7 “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. “ 1 P. 1:18-19 “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,“; Tit. 2:14 “quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.”
La redención fue originalmente puesta por Dios por medio de Moisés en la Ley y podemos leerla en Levítico 25:25 “Cuando tu hermano empobreciere, y vendiere algo de su posesión, entonces su pariente más próximo vendrá y rescatará lo que su hermano hubiere vendido.”y este es el caso de Jesús como nuestro pariente mas cercano, ha procedido a rescatar lo que se había perdido. Todos los hombres hemos caído desde Adán en pecado y por lo tanto necesitamos ser rescatados y nuestro pariente mas cercano, Cristo vino a rescatarnos, por eso somos suyos, porque él pagó con su sangre el precio del rescate.
Redimir es volver a comprar a cierto precio, 1 Co. 6:20 “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” 1 Corintios 6:19 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? “ Nosotros fuimos escogidos y predestinados por Dios, y originalmente pertenecíamos a Dios, pero caímos y nos perdimos a causa del pecado; por esta razón, necesitamos ser redimidos. Efesios 1:4-7 “ según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,”
El hombre originalmente era posesión de Dios, pero después cayó, hundiéndose en los pecados y en muchas cosas que eran contrarias a la justicia, la santidad y la gloria de Dios, por lo cual quedó sujeto a la exigencia de Dios. La redención resuelve el problema de nuestros pecados al cumplir los requisitos de Dios. Romanos. 3:23-24 “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,“ Romanos 8:4 “para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” El precio sobre nosotros de los requisitos de la justicia, santidad y gloria de Dios eran tan grandes que nos era imposible cumplirlos. Puesto que éramos incapaces de pagar el precio, Dios lo pagó por nosotros por medio de la muerte de Cristo en la cruz, redimiéndonos a un gran precio,1 P 1:18-19 “ sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, “ por eso Cristo murió en la cruz para redimirnos; Su sangre obtuvo redención eterna por nosotros. Gá. 3:13 “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero”; Tit. 2:14 “Tito 2:14 “quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.” He. 9:12 “y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.”; 1 P. 2:24 “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” 3:18. “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu.”
La justificación es la acción divina mediante la cual Dios aprueba a las personas según Su norma de justicia; Dios hace esto basándose en la redención de Cristo. Ro. 3:24 ““siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,” Debido a que Cristo pagó el precio por nuestros pecados y a que Su redención satisfizo todos los requisitos que estaban sobre nosotros, Dios, por ser justo, está obligado a justificarnos gratuitamente. “Efesios 1:6-7 “ para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, “ Col 1:13-14 “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.“ El Amado es el Hijo amado de Dios, el Hijo de Su amor, en quien Dios se complace Mt. 3:17 “Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. “; Col 1:13-14:” el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”
En el Amado (Su Hijo), fuimos agraciados, es decir, fuimos hechos objeto del favor y complacencia de Dios, Ef. 1:6 “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,” El perdón de los pecados es la redención que tenemos en Cristo por medio de Su sangre; sin derramamiento de sangre, no hay perdón de pecados.
Por ser hombre, el Señor Jesús tenía sangre humana genuina que podía ser derramada por nuestra redención; y por ser Dios, Él poseía el elemento divino que hace
que Su sangre tenga eficacia eterna. El Señor Jesús murió en la cruz como el hombre que es Hijo de Dios; por consiguiente, la sangre que Él derramó no era simplemente la sangre del hombre Jesús, sino también la sangre del Hijo de Dios. En la obra que Cristo efectuó en la cruz, Él se hizo por nosotros maldición y nos
redimió de la maldición de la ley: Gá. 3:13 “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero.” . Cuando Cristo quitó nuestro pecado en la cruz, Él nos redimió de la maldición. Cristo no sólo nos redimió de la maldición, sino que incluso Él mismo fue hecho maldición por nosotros. Debido a que Cristo nos redimió de la maldición de la ley al ser hecho por nosotros maldición, ahora nosotros podemos recibir la mayor bendición, que es el Cristo en nosotros (el Padre, el Hijo y el Espíritu) como el Espíritu procesado que mora en nosotros para nuestra salvación, Gá. 3:14 “para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.”. Cristo nos redimió de la custodia de la ley, a fin de que pudiésemos recibir la filiación y llegar a ser hijos de Dios. La obra redentora de Cristo nos conduce a la filiación divina para que nosotros logremos la vida eterna, a fin de que se cumpla el propósito eterno de Dios, que consiste en tener muchos hijos con miras a Su expresión corporativa.
La sangre de Cristo nos redimió de nuestra vana manera de vivir, una vida sin sentido y sin propósito—1 P. 1:18-19 “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, “ Si hemos de conducirnos en temor durante el tiempo de nuestra peregrinación, cuidando nuestra salvación, necesitamos una comprensión profunda de la redención de Cristo. La redención de Cristo nos apartó de nuestra vana manera de vivir, y ahora podemos ser santos en toda nuestra manera de vivir. Cristo se entregó a Sí mismo por nosotros no sólo para redimirnos de toda iniquidad sino también para purificar para Sí mismo un pueblo para Su posesión: un pueblo al cual Dios posee exclusivamente como Su especial y único tesoro, Su posesión personal.
Por Víctor Manuel Castro Chinchilla, agosto 2008.
¿Dónde está el cielo?
¿Dónde está el cielo?
Tanto el cielo como la tierra son una creación de Dios, lo primero que Dios hizo fueron los cielos y la tierra, podemos leerlo en Génesis 1:1 “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” Si se fijó, es el primer versículo de la Biblia. O sea que antes de crear otra cosa, Dios hizo los cielos y la tierra.
Este tema, como los otros que he escrito, siempre serán tratados desde el punto de vista espiritual basado en estas palabras de Dios: 1 Corintios 2:14 “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” Y esta otra: 2 Timoteo 3:16 “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,”
Vamos a entender como cielo, todo lo creado por Dios que se conserva en la forma invisible, mientras que tierra es todo lo que es visible. Y específicamente, tierra es la carne del hombre natural, desde el punto de vista de Jesús cuando nos enseña acerca del evangelio diciendo: Marcos 4:20 “Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.” Por lo que claramente establecemos que el cielo es lo espiritual, lo invisible mientras que tierra es lo carnal, lo visible. Dios, para el caso es invisible, pero Cristo, le hace visible según leemos en Colosenses 2:9 “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad,”
Nuestro tema es s una pregunta: ¿Dónde está el cielo? Y la respuesta no debe ser que aquí en la tierra sino a partir de la tierra, es decir el cielo comienza en la superficie de la tierra hacia arriba, hay tres cielos según podemos entender a Pablo que dijo: 2 Corintios 12:2 “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.” Y podemos decir con clara distinción que es en el tercer cielo donde habita Dios. La habitación de Dios es en el cielo sin embargo sus pies tocan la tierra como lo leemos en Mateo 23:22 “y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado en él.” Y Mateo 5:34-35 “Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.”
El cielo y la tierra no se mezclan entre sí porque son dos naturalezas distintas, como el agua y el aceite, el agua permanece abajo mientras que el aceite arriba, ese es el panorama que Jesús expresó cuando dijo: Juan 8:23 “Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.” Lo que claramente establece que el cielo está arriba y la tierra abajo, nosotros somos los terrenales mientras Jesús es celestial. Juan 3:12 “Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? “ El lenguaje de Dios es celestial, mientras que los hombres mantienen un lenguaje terrenal. No hay duda, Dios está arriba, en el cielo mientras que el diablo está abajo en la tierra. El poner la mirada en las cosas de Dios, arriba es cosa de cristianos, mientras que ponerla en las cosas de los hombres es cosa del diablo, lo podemos entender cuando leemos en Mateo 16:23 “Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: !!Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.”
La verdad es que nuestro cuerpo mantiene una doble naturaleza, por un lado tenemos un cuerpo de carne que es comparado con los animales y por otro lado tenemos un cuerpo espiritual. Pablo lo dice así: 1 Corintios 15:40 “Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales.” 1 Corintios 15:48 “Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.” Entendiendo esto como que por un lado descendemos de Adán y por otro lado de Jesucristo, 1 Corintios 15:45 “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.” El plan de Dios para salvarnos consiste en cambiar esa naturaleza pecadora de la carne por una santa en el espíritu y eso solo se obtiene por medio del evangelio. Romanos 1:16 “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.”
Volvamos a la pregunta: ¿Dónde está el cielo? Veamos este verso que dice: Juan 14:23 “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” Claramente dice que vendrá a nosotros y no que nosotros vayamos a él. Este es el mismo principio que Jesús nos enseñó a orar diciendo: “Venga a nosotros tu reino”. O sea no es que Dios estando arriba nos lleva con él sino que nosotros estando abajo, Dios nos acompaña aquí abajo. El cielo y la tierra no son lugares sino viviendas, o vivimos en a tierra o vivimos en el cielo. Veamos este verso: Romanos 8:1 “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Vea usted estos dos extremos, andar en la carne y andar en el Espíritu. Y esto otro, Romanos 8:8-10 “y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.” Vemos claramente que Dios es Espíritu y que Cristo es espíritu y que ambos han hecho morada en nosotros. Y si Dios ha hecho morada en nosotros y Dios tiene su trono en el cielo, cabe hacernos esta pregunta: ¿Dónde está el cielo? La respuesta es que el cielo está donde Dios está y si Dios está en nuestro corazón, el cielo está en nosotros.
Fíjese que estamos derrumbando la antigua idea de que el cielo es allá arriba para ahora decir que el cielo es el ámbito donde está Dios, y no podemos negar que Cristo mora en nuestro corazón y que somos el templo del Espíritu Santo, 1 Corintios 3:16 “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? “ 1 Corintios 6:19 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” Repito e insisto, el cielo está donde Dios está porque ese es su ámbito, su trono. Dios no está en templos hechos por la mano del hombre sino en nuestro corazón. Veamos lo que escribe Pablo en este aspecto: Efesios 1:3 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,” ¿Dónde están los lugares celestiales? Están en Cristo. ¿Dónde está Cristo? Efesios 3:17 “para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,” Repito, Cristo habita en nuestro corazón. ¿Dónde está el cielo? El cielo es el trono de Dios, y Cristo está sentado a la diestra del trono, Colosenses 3:1 “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.” ¿Cómo es que hemos resultado estar en el cielo si aun tenemos los pies en la tierra? Efesios 2:5-7 “ aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. “ ¿Qué fue lo que hicimos para resultar en el cielo? Juan 1:12 “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. “
He hecho algunas encuestas personales con cristianos y les he preguntado: ¿Cree usted que estamos en el cielo?, la respuesta ha sido contundente: NO y no podemos hacer otra cosa que traer esta palabra de Dios que dice en Juan 3:18 “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” Usted posiblemente no desea ser condenado y aquí están las buenas nuevas de Dios, 1 Timoteo 2:3-5 “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,” Jesús dijo: Juan 14:6 “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:36 “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. “Juan 5:24 “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” Juan 6:47 “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.” Juan 10:27-29 “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. “
Por Víctor Manuel Castro Chinchilla Agosto 2008.
La santidad
La Santidad
Levítico 20:7 “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios.” 1 Pedro 1:14-16 “ como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.”
SANTIDAD, SANTO
A. Según la revelación bíblica, la santidad es:
(a) Una cualidad fundamental de Dios y de Su Espíritu;
(b) una virtud indispensable de todo verdadero creyente; y
(c) un atributo de ciertos lugares, objetos, días, fechas, acciones, etc.
B. El término heb. «kadosh» significa puro, física, ritual y, especialmente, moral y espiritualmente. En ocasiones se debe traducir «separado», puesto aparte, consagrado ( Lc. 2:23, citando a Éx. 13:2). Ciertos autores presentan con demasiada exclusividad el concepto de separación, pero sí es cierto que la pureza consiste en estar separado de toda contaminación de todo pecado ( Lv. 19-22 donde se repite en varias ocasiones la orden de ser santo) Cuando Isaías oyó a los serafines proclamar: «¡Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos!», Isaías clamó: «¡Ay de mí!, que soy muerto, porque siendo hombre de labios inmundos, han visto mis ojos al Rey…» Entonces fue su iniquidad quitada y expiado su pecado (Is. 6:2-7). Aquí tenemos expresada la purificación para ser santo. Según 2 Cr. 29:15 los levitas se santifican a fin de poder purificar la casa de Jehová. Ser santo es lo opuesto a estar contaminado (Hag. 2:12, 13; cfr. Lv. 11:43, 44).
C. El NT emplea el término «hagios» que también en ocasiones significa separado, consagrado, puesto aparte (Lc. 2:23), pero con mayor frecuencia «puro». Ser santo es ser sin «mancha, ni arruga ni cosa semejante» (Ef. 5:26-27). Y en 2 Co. 7:1 se lee: «Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.» Si en ocasiones se trata, en el AT, de cuestiones de santidad esencialmente ritual, tenemos en ello sombras que se desarrollan en enseñanzas de unos principios de santidad profundamente espiritual y moral. En la santidad ritual del AT se hallan objetos santos: lugares, moradas, ciudades, vestiduras, pero, de una manera muy especial, el Tabernáculo y el Templo con todo lo que servía para el culto. Había además santas convocaciones, una nación y pueblo santos, etc. (Éx. 20:8; 30:31; 31:10; Lv. 21:7; 23:4; Nm. 5:17).
D. Nuestra santidad está estrechamente relacionada con la de Dios. «Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos» (Lv. 20:26). Si este pasaje menciona la separación, también todo el capítulo habla de pureza de conducta.
E. Acerca de la santidad de Dios, la Biblia declara lo siguiente:
La santidad de Dios es Su cualidad absoluta y fundamental. Su pureza absoluta, inmaculada, manifiesta Su gloria deslumbrante y eterna.
«Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria» (Is. 6:3; 57:15). Esta santidad nos impulsa a la adoración: «¡Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante el estrado de sus pies; él es santo!» (Sal. 99:5; 103:1).
«Alegraos, justos, en Jehová, y alabad la memoria de su santidad» (Sal. 97:12; cfr. Éx. 15:11; Is. 12:6).
La santidad de Dios se manifiesta a la vez en Su justicia y en Su amor. Su justicia lo obliga a castigar al pecador; pero es inseparable de Su amor, que desea salvarlo. «No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir… Dios soy… el Santo…» (Os. 11:9). Una justicia sin amor no sería santa; no lo es la justicia implacable de un tribunal. Pero un amor sin justicia tampoco es santo; no lo es el amor sin severidad de una madre débil. El arca del pacto ilustra muy bien esto: el propiciatorio, la cubierta de oro en la que se hacía la aspersión de sangre expiatoria, simboliza la gracia y amor de Dios; pero debajo de este propiciatorio se conservaba el rollo de la Ley, que representaba la justicia del Dios que perdona. Porque el objetivo de Dios al perdonar es el restablecimiento del orden moral. Ésta es la esencia de la santidad, sobre la que velaban simbólicamente los dos querubines de oro. Son numerosos los pasajes bíblicos que asocian estrechamente la justicia y el amor de Dios, estando siempre sobreentendida la noción de la santidad, al menos en el contexto. Los términos utilizados son, en ocasiones, «fidelidad y bondad», «ira y misericordia», «castigo y gracia». El Decálogo afirma que Dios castiga la iniquidad, pero también que muestra misericordia (Éx. 20:5-6). Se puede citar también el Sal. 78:38; Is. 54:5-8; 57:15-18; 60:9-10; Sal. 98:1-3. El Señor reprocha a los fariseos que descuiden «la justicia y el amor de Dios» (Lc. 11:42). Pablo afirma que la gracia reina por la justicia, y que «El cumplimiento de la ley es el amor» (Ro. 5:21; 11:22; 13:10).
La santidad de Dios, de la que depende la nuestra, es así en realidad una combinación de una justicia o pureza absoluta con un infinito amor. Ello nos lleva a constatar que la suprema manifestación de la santidad de Dios viene a ser la muerte expiatoria de Su Hijo. La cruz del Calvario es la sublime expresión de la unidad manifestada entre Su severa justicia y Su amor redentor. En cuanto a la importancia de la santidad del creyente, es menester recordar que Cristo volverá «para ser glorificado en sus santos» (1 Ts. 1:10).
SANTIFICAR, SANTIFICACIÓN
(a) Hacer santo, purificar, poner aparte para Dios, consagrarle personas, objetos, días, etc., ritual y sobre todo moral y espiritualmente. Los sacerdotes eran santificados para su servicio con una unción de aceite santo, siendo revestidos de hábitos consagrados, y mediante sacrificios y la sangre de la expiación (Éx. 29:1, 5-7 y 20; 30:30; 1 Cr. 23:13). El Tabernáculo, sus utensilios y el altar eran santificados de una manera análoga (Éx. 29:36-37; 30:26-29). El Señor participaba en esta santificación manifestando Su gloria y viniendo a morar en el santuario (Éx. 29:42-45). El Señor mismo santificó el séptimo día, ordenando a Su pueblo que lo pusiera aparte y lo santificara (Gn. 2:3; Éx. 20:8;). Se afirma en varias ocasiones que el séptimo día es una señal de que Dios quiere santificar a Su pueblo (Éx. 31:13; Ez. 20:12; cfr. Ez. 37:28). En cuanto a nosotros, los cristianos, somos exhortados a santificarnos separándonos moralmente del mundo y de sus contaminadores (2 Co. 6:14-7:1). Ritualmente, el contacto con cosas o personas santas puede santificar (Éx. 29:37; 30:29; 1 Co. 7:14; pero cfr. Hag. 2:12).
(b) Honrar y glorificar a Dios, Su nombre, o a Cristo (Lv. 10:3; Is. 8:13; 29:23; 58:13). «Santificado sea tu nombre» (Mt. 6:9). En Mara, Moisés y Aarón no creyeron, para santificar a Jehová a los ojos del pueblo; entonces Jehová se santificó en ellos, castigándolos (Nm. 20:12-13). Jehová será «exaltado en juicio, y el Dios Santo será santificado con justicia» (Is. 5:16). Un día, la reunión de Israel y su arrepentimiento santificará a Jehová a los ojos de las naciones (Ez. 20:41-43). El Padre ha santificado a su Hijo, y nosotros debemos santificar a Cristo en nuestros corazones (Jn. 10:36; 1 P. 3:15).
(c) Santificarse significa purificarse, separarse de toda contaminación, de todo mal. En especial, este significado lo tiene el sustantivo «santificación».
Es un mandato: «Seréis santos, porque yo soy santo» (Lv. 11:44-45; 19:2; 20:7). «Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación… Nos ha llamado Dios… a santificación» (1 Ts. 4:3, 7; cfr. Ro. 1:7). «Nos escogió… para que fuésemos santos y sin mancha delante de él» (Ef. 1:4). «Sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir» (1 P. 1:15, 16).
Es preciso santificarse, purificarse, antes de presentarse a Dios para ciertos actos religiosos (Éx. 19:22; Jos. 3:5; 7:13; 1 S. 16:5; 2 Cr. 29:5; etc.).
La santificación es la obra del Espíritu Santo en nosotros, para purificarnos, separarnos del mal y hacemos conforme a la imagen de Cristo y aceptos a Dios. De la misma manera que no podemos merecer nuestra salvación, tampoco podemos santificarnos mediante nuestros propios esfuerzos. Es Dios quien purifica nuestros corazones por la fe (Hch. 15:9), en respuesta a nuestra fe. Es Él que nos santifica (Éx. 31:13; Lv. 20:7-8). «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo… el cual también lo hará» (1 Ts. 5:23-24). Los gentiles deben serle «ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo» (Ro. 15:16). «Ya habéis sido santificados… por el Espíritu de nuestro Dios» (1 Co. 6:11; 1 P. 1:2; 2 Ts. 2:13). Para santificarnos, el Espíritu Santo se sirve sobre todo de la Palabra de verdad, que Él inspiró, y de la oración, que Él también nos inspira (Jn. 17:17; 15:3; Ef. 5:26; 1 Ti. 4:5; cfr. 1 P. 1:2). El Espíritu Santo glorifica a Cristo, que nos ha sido hecho santificación (1 Co. 1:30). Hemos sido santificados en Él, y Él se ha santificado por nosotros (1 Co. 1:2; Jn. 17:19). El Espíritu nos revela sobre todo la verdad capital de que «somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre» (He. 10:10). Es Su sangre la que purifica de todo pecado, después de habernos procurado el perdón (1 Jn. 1:7, 9). Ro. 6:3-4 nos muestra que después de haber muerto, en Cristo, al pecado, podemos resucitar con Él y andar en novedad de vida, teniendo «por fruto la santidad» (Ro. 6:22). Todo el cap. 8 de Romanos, sin emplear el término «santificación», nos revela su secreto: «La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús» (Ro. 8:2) debe actuar en nosotros y transformar nuestra vida. Entonces no viviremos ya más bajo el dominio de la carne, sino bajo la disciplina del Espíritu, que hará morir en nosotros las acciones del cuerpo (Ro. 8:13). Pablo habla del gran misterio de la morada del Señor en nosotros, que quiere así volvernos «perfectos en Cristo» (Col. 1:26-28).
Se han formulado muchas teorías contradictorias acerca de la santificación. Siguiendo a Wesley, ciertos intérpretes ven en ella una «segunda bendición» que debe seguir a la conversión y que debemos recibir instantáneamente por la fe. Afirman ellos que Dios purifica entonces de inmediato nuestro corazón de su pecado original, «de todo aquello que nos impulsaba al mal». Esta doctrina se acerca peligrosamente al perfeccionismo. En el opuesto extremo se hallan aquellos cristianos que enseñan que nunca nos desembarazaremos aquí abajo del hombre viejo, y que nos encontraremos siempre en el lastimoso estado de Ro. 7. Estos autores no han comprendido la gloriosa solución expuesta en el cap. 8, como ya se ha descrito brevemente en los párrafos anteriores. El salvo queda liberado al entrar en la consciencia y en el disfrute de la provisión del Espíritu en él. Esta presencia es el privilegio de todo hijo de Dios, que debe vivir entonces según el Espíritu (Ro. 8:9; 1 Co. 6:19). Así, aunque verdaderamente la erradicación del «hombre viejo» sólo tendrá lugar para el cristiano bien por la muerte, bien por la transformación en el arrebatamiento (1 Co. 15:51-54; 1 Ts. 4:14-17), el creyente tiene el privilegio de andar en el poder de la nueva vida en resurrección en Cristo, y por tanto de considerarse en la práctica tal como está ya posicionalmente: muerto al pecado ( Ro. 6: Col. 3). De esta manera, el creyente puede vivir una vida victoriosa; no obstante, se debe tener en cuenta en todo caso que el andar del cristiano está continuamente sostenido por el oficio intercesor de Cristo en el Cielo. Hay también provisión «si alguno pecare», en Cristo como Abogado (1 Jn. 1:9-2:2). Guardados por el poder de Dios para salvación (1 P. 1:5), y con el Espíritu Santo, que puede santificarnos por completo, y guardar nuestro espíritu, alma y cuerpo irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo, el cristiano puede así vivir una vida grata a Dios. Y tiene un poderoso motivo para ello, porque el Señor Jesucristo vendrá «para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron» (2 Ts. 1:10).
El problema del homosexualismo
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El problema del homosexualismo.
1 Corintios 6:8-10 “ Pero vosotros cometéis el agravio, y defraudáis, y esto a los hermanos. ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.”
Dentro de toda esta lista, estamos puntualizando a los homosexuales, estos son los afeminados, y los que se echan con varones, estos al igual que los otros, no poseerán el reino de Dios. Todos en la lista son considerados como injustos entendiéndose como tales a los que no hacen la justicia de Dios o lo que en otras palabras podemos decir, no obedecen la voluntad de Dios. Nos estamos proponiendo en este articulo, hacer suficiente énfasis en que es lo que significa en primer lugar ser un homosexual y en segundo lugar que es el reino de Dios.
Antes de escribir este articulo, ya he consultado a varios escritores que han publicado mensajes relacionados con este tema y he podido comprobar que para algunos, no es ningún pecado ser homosexual y que por el contrario, ellos se merecen todo el respeto y el apoyo de la gente y de los gobiernos y leyes. Pero en nuestro estudio no vamos a buscar como agradar al mundo sino como agradar a Dios basados en aquel principio que dice: Santiago 4:4 “!!Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.” Y nosotros no estamos buscando la amistad de los hombres sino la de Dios, por lo que si alguno de ellos se enfurece contra nosotros, bienvenido porque eso marca que no estamos siendo amigos del mundo sino de Dios.
Se que existe en la mente de muchos, aun cristianos, la idea de que Dios perdona este tipo de pecado y que la muerte de Jesús en la cruz cubrió todo ese pecado en los hombres. Pero para aclarar este punto debemos antes explicar algunas cosas: 1) la relación de Dios con el mundo y 2) la relación de Dios con su pueblo. En el primer caso, Dios ama al mundo aun cuando conoce la muchedumbre de sus pecados, eso lo vemos en Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Y otra cosa es el pecado dentro de la iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Mateo 12:31 “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.” Alguien podría estarse preguntando: ¿Qué tiene que ver el Espíritu Santo? La respuesta está en 1 Corintios 3:16 “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” y en 1 Corintios 6:19 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” en otras palabras, Dios ama al mundo, o sea a los pecadores que aun viven en la carne porque aun no conocen a Cristo, y otra cosa es vivir en el Espíritu o sea tener el Espíritu Santo o el Espíritu de Cristo, Romanos 8:9 “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” Prácticamente tenemos que hacer esta división, por un lado los que aun no son de Cristo y por otro lado los que ya son de Cristo. O sea antes de Cristo y después de Cristo. Dios ama a todos por igual, sean o no sean de Cristo, pero ay de aquel que habiendo conocido a Cristo, se decide volver a pecar voluntariamente. Hebreos 10:26-28 “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente.” Se han de haber fijado en estas palabras “ya no queda más sacrificio por los pecados,“ lo que significa que para los que están en el mundo, aun tienen la esperanza de ser perdonados por el sacrificio en la cruz pero los que ya fueron perdonados, (conocieron la gracia) y vuelven a pecar, ya no queda otro sacrificio en la cruz sino que lo único que esperan es el juicio final para castigo eterno o vida eterna.
Habiendo entendido que no es lo mismo estar en el mundo que estar en la iglesia y que el tratamiento para ambos es diferente, es que Dios le dice a la iglesia que “ni los afeminados, ni los que se echan con varones, heredarán el reino de Dios.” Porque el reino de Dios es una herencia para la iglesia, para los que han sido hechos hijos de Dios, Romanos 8:17 “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” Quiero abordar por otro lado este asunto para una mejor aclaración: los pecadores que aun están en el mundo y que viven haciendo este tipo de pecados, no conocen a Dios porque Jesucristo no está en ellos, a estos, les alcanza clamor de Dios para ser convertidos a Cristo, pero ya una vez que Cristo ha hecho morada en sus corazones, ya no pueden pecar. No es lo mismo tener a Dios afuera del cuerpo que tenerlo adentro del cuerpo.
Revisemos de nuevo estas cosas, si un hombre pecador, que viven pecando las 24 horas del día porque Cristo aun no ha llegado a su corazón, es digno de misericordia y del amor de Dios para que Cristo llegue y perdone sus pecados y nazca de nuevo en el espíritu, pero otra cosa es que habiendo ya nacido Cristo en su corazón, aun dedique su vida al pecado. En este caso ya no es considerado como un pecador digno de ser perdonado sino que es tratado como un adversario de Dios, un enemigo de Dios. Ahora veamos mas de cerca este problema, la habitación de Dios es el corazón del hombre y Dios conoce o identifica los pensamientos o las intenciones de los hombres porque estas salen del corazón, Mateo 15:19 “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” Y si Dios mora en nuestro corazón, él será el primero en conocer nuestros pensamientos. En este aspecto no podemos esconder de Dios ningún pecado, como es el caso de Mateo 5:28 “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.”
Habiendo entendido que Dios mora en nuestro corazón y que del corazón salen los malos pensamientos, no nos queda otro camino que aceptar que Dios se alegrará cuando alguien le es obediente y que se enojará cuando alguien le es desobediente. El el caso de los homosexuales, Dios hizo el cuerpo humano tanto del hombre como el de la mujer y a cada uno le puso órganos diferentes para producir loa multiplicación de la especie. Al hombre le hizo órganos reproductivos especiales y a la mujer le hizo otros diferentes. Dios mora tanto en el hombre como en la mujer y siente cuando alguno está funcionando correctamente, tal es el caso de los homosexuales que en vez de sentirse atraídos por el sexo opuesto, lo hacen con el mismo genero y la mujer también, de modo que el primero en darse cuenta de esos malos pensamientos y deseos es Dios dentro de nuestro corazón y si al hombre le diseñó ser atraído por una mujer y tener relaciones con mujeres, eso es lo que le agradará a Dios pero si es a la inversa, que el hombre sienta atracción a otros hombres y no a las mujeres, el primero en sentir algo extraño y raro es Dios que habita en nuestro corazón.
Por otro lado, no siempre es un pecado voluntario de los hombres o de las mujeres, sino que si estado es ocasionado por una maldición que Dios les haya dado por haber sido injustos cuando han olvidado a Dios y en su lugar han adorado dioses ajenos hechos por las manos de los hombres. En el siguiente pasaje reconocemos que el estado de los homosexuales asi como de las lesbianas es a consecuencia de haber dado gloria a lo creado y no al creador, veamos Romanos 1: 21-32 “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. “
Por Victor Manuel Castro Chinchilla, Agosto 2008.
Somos el Templo de Dios
Somos el Templo de Dios
El gran problema del cristianismo actual es su falta de conocimiento de lo que realmente somos, y no digamos de lo que significa Jesucristo. Jesús le preguntó a sus discípulos y finalmente a Pedro, ¿Quién crees tu que soy yo? Y el respondió “Tu eres el Cristo el Hijo del Dios viviente”, la pregunta de Jesús y la respuesta de Pedro no fueron una simple conversación cotidiana sino mas bien la enseñanza de un camino al cielo, la respuesta de Pedro es lo correcto para poder entrar al reino de los cielos, Jesús le respondió esto: “A ti te daré las llaves del reino de los cielos y todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo, al igual, todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”. Leemos en el libro de Juan, lo siguiente: 1 Juan 4:15 “Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.” Y en Mateo lo siguiente: Mateo 16: 13-20 “Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.” Como vemos, el confesar a Jesús como el Hijo del Dios vivo, es la llave para entrar al reino de Dios.
El reconocer a Jesús como el Hijo de Dios, es la clave para que entremos al reino de Dios y seamos salvos, de nada nos serviría ser buenos religiosos y estar en la iglesia haciendo todo lo que nos digan si no podemos entrar al reino, Jesús se refirió a este asunto cuando dijo en Mateo 7:22-24 “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” La única forma de poder entrar a su reino es reconocer cual es el verdadero papel de Jesús de Nazareth, y en el caso de Pedro, él acertó porque no fue Pedro sino el Padre celestial quien se lo reveló. Y es para todos, porque como vimos arriba: “Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.” Y lo que también hemos conocido antes en Hechos 2:21 “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”
Por otro lado deseo recordarles aquellas palabras de Dios contenidas en Hechos 7:49 “El cielo es mi trono, Y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo?” al igual quiero que recordemos esta otra palabra: 1 Corintios 3:16 “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”
En este estudio vamos a conocer dónde es que realmente habita Dios en nuestro cuerpo, si es en todo el cuerpo o si es en un lugar muy especial. Ya hemos podido ver que Dios habita en nosotros y que somos un Templo para su Espíritu Santo. Igualmente ya vimos que el reconocer que Jesús es el Hijo de Dios, nos permite que Dios more en nosotros, solo nos queda por confirmar como es Dios y como está dentro de nosotros. Vayamos a Juan 4:24 “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” En otras palabras nosotros que somos Templo del Espíritu, solo podríamos comunicarnos con Dios por medio de nuestro espíritu, para que sea un hablar de Espíritu a espíritu. Romanos 8:16 “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.”Cual es el papel de la carne en esta comunicación: Juan 6:63 “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.”
Volvamos a este asunto: “El cielo es mi trono, Y la tierra el estrado de mis pies.” “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” El cielo es el trono de Dios, mientras que la tierra es el estrado de sus pies, y nosotros somos a la vez el templo del Espíritu Santo, por lo que en nuestro cuerpo también debe haber algo de cielo y de tierra. Veamos lo que Pablo dijo acerca del cielo en nosotros: Efesios 2:6 “y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” por otro lado veamos esto otro: 1 Juan 5 “ Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él.” Y esto otro 1 Corintios 6:13 “Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.”
La ubicación o identificación acerca del cuerpo a la que quiero que lleguemos es que podamos definir lo que es estar en el cielo y lo que es estar en la tierra, nosotros como templo de Dios estamos en ambos lugares, estamos en el cielo y también estamos en la tierra. Si Dios está en el cielo y sus pies en la tierra y nosotros somos un templo para Dios, nuestra cabeza debe estar en el cielo mientras que nuestros pies lo están en la tierra. Dice Pablo que nosotros estamos junto a Jesucristo en lugares celestiales pero a la vez sabemos que el estrado de Dios está en la tierra donde nosotros tenemos los pies. Y si nuestra cabeza está en los cielos y nuestros pies están en la tierra, hay una parte de nuestro cuerpo que está con Dios, mientras la otra no lo está, allí es donde quiero que lleguemos. Vimos que el vientre será destruido por Dios en contraste con la morada de Dios en Gálatas 4:6 “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: !!Abba, Padre!” Efesios 3:17 “para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,”
La mitad superior de nuestro cuerpo especialmente en nuestro corazón, es la habitación de Dios, la mitad inferior de nuestro cuerpo, deposito de las viandas, (el vientre) será destruída, no es habitación de Dios. La parte superior corresponde al cielo y la mitad inferior a la tierra. Quiero que prestemos especial atención a esto: Dios hace contacto con nuestro espíritu que reside en nuestro corazón, el diablo hace contacto con nuestra carne especialmente en la parte baja. Comprobemos esto en la escritura: Romanos 6:19 “Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.” Romanos 7:5 “Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte.” Esto corresponde a la parte inferior del cuerpo, ahora veamos la otra parte: Romanos 7:22-24 “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. !!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? “ Habrá notado usted que Pablo se refiere a la ley de la mente para referirse al depósito de Dios o sea la parte superior de nuestro cuerpo.
Algunos podrían estar objetando y diciendo que Dios hizo los órganos sexuales y que por lo tanto no es pecado el sexo, pero no se trata de leyes morales sino del reino de Dios, tenemos que poner nuestra mente en un plano de santidad espiritual para entender de que estamos hablando como cuando dice: Marcos 12:25 “Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos.” Indicándonos que no habrá relaciones del tipo carnal. O en esta otra escritura que dice: Mateo 19:12 “Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.” Porque Dios hizo al hombre carnal y le ordenó reproducirse, pero debemos tomar en cuenta que también el hombre siempre se inclinó al mal por lo cual Dios envió a Jesucristo paras convertirnos en hijos suyos en el espíritu y esa es la nueva condición de Dios, que seamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Por lo que si Dios desea tener hijos no lo serán por la via de la carne sino por el espíritu como bien dijo Jesús, Juan 3:6-8 “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.” O como vimos arriba en Romanos 8:16 “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” Y en Juan 4:23 “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.”c por lo que el deseo de Dios no es propiamente que tengamos hijos carnales sino que le demos frutos espirituales, Juan 15:8 “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.”
La parte inferior del cuerpo es considerada como área de pecado y la parte superior es el Templo del Espíritu Santo. 1 Corintios 6:13 “Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.” Los miembros no son el cuerpo sino que son aparte del cuerpo. El cuerpo, sin los miembros, tiene una porción celestial y otra terrenal. Porque lo que va al vientre va para afuera pero lo que va al corazón se queda, Mateo 15:17 “¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina?” Marcos 7:19 “porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina?” los miembros del pecado son los que serán echados al fuego por inservibles, mientras que el cuerpo es del Señor.
La tierra es el terreno del pecado, es a esa tierra que se le predica el evangelio, porque el hombre natural es hecho de la tierra. La buena tierra es el hombre bien dispuesto a recibir la palabra de Dios para salvación. Mateo 13:23 “Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.” Satanás mora en la tierra Apocalipsis 12:9 “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.” Satanás pretendió hacer caer en pecado a Jesús invitándole a que le adorare postrado en la tierra. Mateo 4:8-10 “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.”
Jesús conoce que estamos en la tierra, (en el mundo), que nuestros pies están en contacto con la tierra, con esa tierra de pecado a donde debemos ir para llevar el evangelio. Mateo 10:14 “Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.” Esto es lo que Jesús hizo con sus discípulos cuando les lavó los pies, ellos nunca supieron cual fue su intención y se trataba de separarlos de la tierra del pecado.
Nuestra relación con el mundo, con la tierra del pecado es con nuestros miembros inferiores, pero nuestra relación con lo celestial es con la parte superior o cuerpo incluyendo los brazos y manos. La parte inferior del cuerpo es la que está destinada a ser cortada y quemada como lo dice Juan 15:6 “El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.” Por el otro lado en la parte superior del cuerpo donde están ubicadas las manos y los ojos, pudiera existir ocasión de pecar y en este caso, ambos deben ser cortados del cuerpo para evitar que el cuerpo entero sea quemado. Mateo 5:30 “Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.” Mateo 5:29 “Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.” No olvidemos que la parte inferior será destruida por Dios, “Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.”
Las manos, no deben estar al servicio del pecado sino a la justicia. Las manos están puestas para bendición y no para maldición, las manos son instrumentos para transmitir el Espíritu Santo y sanar enfermos. Mateo 19:13” Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron.” Marcos 5:23 “y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.” Marcos 6:5 “Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.” Marcos 8:23 “Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo.” Hechos 6:5-7 “Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos. Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe. “
Salmos 134:2 “Alzad vuestras manos al santuario, Y bendecid a Jehová.”
Por Víctor Manuel Castro Chinchilla, Agosto 2008.
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